lunes, 22 de septiembre de 2014

Treinta doblones de oro

No sólo de Deltora y de literaturajuvenil vive el lector, y mucho menos yo, así que esta semana hacemos un alto en nuestros camino para derrotar al Señor de la Sombra y nos asomamos a la Sevilla del siglo XVII de la mano de Jesús Sánchez Adalid. La razón: su genial novela Treinta doblones deoro.

La historia es narrada por el propio protagonista, Cayetano, un joven andaluz que para ganarse la vida entra a servicio de don Manuel de Paredes, un hidalgo afincado en Sevilla. Su función no queda del todo clara, ya que su nuevo jefe no parece tener negocio alguno y se limita a tener al joven Tano (como todos lo llaman) copiando inútiles y viejos inventarios. La verdad es que don Manuel está prácticamente arruinado y sus únicas esperanzas de evitar la bancarrota residen en el Jesús Nazareno, un buque mercante que se va a pique en la primera página. 

Dada la situación y las poca expectativas de cobrar, Tano decide abandonar su puesto de trabajo y probar fortuna en otro lado, pero aparece algo que doblegará su voluntad y le hará permanecer al servicio de su arruinado amo: Fernanda, una hermosa joven que don Manuel y su esposa tienen acogida en casa y de la que Tano cae rotundamente enamorado nada más verla. Engatusado por la presencia de la muchacha, Tano accederá a seguir en la casa mientras don Manuel busca una manera de solucionar sus problemas económicos.

Dicha solución vendrá en forma de una herencia en favor del hidalgo en las lejanas islas Canarias. Sin nada que los retenga en Sevilla, toda la familia inicia el viaje a las islas, un viaje lleno de peripecias que acabará ligando sus historias con la de la célebre imagen del Cristo de Medinaceli, ubicado en ese momento en la fortaleza de La Mamora, al norte de África.

En esta novela, Sánchez Adalid retrata perfectamente el ambiente decadente de la Sevilla del siglo XVII, con un puerto vacío tras perder el monopolio del comercio con las Indias en favor de Cádiz, así como las actitudes la baja nobleza de la época (como la familia Paredes), arruinados y repletos de deudas pero intentando mantener las apariencias. El autor describe también los usos y costumbres religiosos de la época, como por ejemplo las procesiones de Sevilla o la veneración al Cristo de La Mamora (conocido posteriormente como el Cristo de Medinaceli) y la vida diaria de los esclavos cristianos capturados por los líderes musulmanes que habitaban en el Sáhara.

Jesús SánchezAdalid nació en 1962 en Don Benito aunque se crió en Villanueva de la Serena, ambos provincia de Badajoz. Se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y obtuvo el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid; posteriormente, fue ordenado sacerdote y se licenció en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado numerosos novelas entre las que caben destacar El alma de la ciudad (premio Fernando Lara en 2007) y Alcazaba (premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica en 2012); también ha sido condecorado con el premio Internacional de Novela Histórica de Zaragoza (2013), premio Diálogo de Culturas (también en 2013), la Medalla de Extremadura (2009) y el premio Extremeños de Hoy.

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